Islay loaf

18 sep

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Pensaba que tardaría menos en probar y publicar una receta del libro Traditional Scottish Cookery, de Margaret Fairlie, que compré en Escocia este verano; pero el universo es sabio (o bromista) y precisamente ayer me decidí a hornearla. Hoy la publico, coincidiendo con el referéndum sobre la independencia de esta región del Reino Unido. Reconozco que durante los días que estuve allí con mi familia esta tierra me cautivó y seguiré con mucha atención los resultados de este día tan importante para su historia y su futuro.

Muchas de las recetas típicas escocesas, ya sean dulces o saladas, tienen el nombre del lugar de dónde vienen. Es una buena pista para rastrear su historia y, en este caso, el origen es esa pequeña isla coloreada de azul claro. Por desgracia no he podido averiguar mucho más a pesar de haberlo intentado.

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He encontrado la receta en algunas webs y blogs y apenas hay variaciones de cantidades o de ingredientes. Supongo que es una de estas recetas que se han preparado desde siempre y que, a pesar de los años, apenas ha cambiado.

Sobre su pasado sólo puedo especular pero me imagino lo fácilmente que se popularizó al no llevar huevos y casi nada de mantequilla, lo que antes podía considerarse productos “de lujo”. Cualquier familia podría prepararlo partiendo de 4 ingredientes básicos: agua, azúcar, harina y pasas. Añadiendo dos o tres toques extra tendremos ante nosotros el resultado de la foto, tan tradicional y arraigado a la tierra como los propios Scots.

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Con lo de moda que se ha puesto lo vintage y lo antiguo, aquí os dejo una reflexión sobre el pasado: es asombroso pensar que en el siglo XXI esté tomado un bizcocho exactamente igual que el que se podría estar tomando cualquier escocés cientos de años atrás. El libro de Margaret Fairlie se publicó por primera vez en 1973 y, al tratarse de una recopilación de recetas, seguro que todas llevaban preparándose tal cual decenas de años antes.

Volviendo al presente, el Islay loaf es una receta todoterreno, igual te vale para un desayuno que para una merienda pero como se toma tradicionalmente es con un té. Ambos hacen una pareja estupenda, ya lo he comprobado. El bizcocho no es muy dulce; tiene un sabor profundo y húmedo, seguramente gracias a las pasas, y a mí me recuerda al Bara Brith que publiqué hace algún tiempo, pero sin ser tan pronunciado y con una preparación más sencilla.

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Sin duda el librito esconde muchas más joyas de la cocina tradicional escocesa y os aseguro que está no será la última que pruebe.

INGREDIENTES

  • 185 gr de pasas
  • 185 gr azúcar moreno
  • 300 ml de agua
  • 1 tbsp miel
  • 1 tbsp margarina o mantequilla
  • 315 gr de harina leudante*
  • 1 tsp mixed spice*
  • 2 tsp bicarbonato sódico
  • 30-50 gr nueces picadas*

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PREPARACIÓN

Aclaraciones sobre los ingredientes:

Sí, las cantidades en gramos son raras (185 gr de pasas es un poco curioso en lugar de 180, por ejemplo) pero son las equivalencias directas de las medidas que trae la receta: en onzas, pintas, tazas… etc.

Sobre la harina leudante, si no tenéis en casa, utilizad 310 gr de harina normal con una cucharadita de levadura en polvo y media cucharadita de sal.

Las mixed spice es una mezcla de especias que varía según el libro/blog/web que se consulte. Yo he utilizado la mezcla que se conoce como “para tarta de manzana” que consiste en 2 partes de canela, una parte de pimienta de Jamaica molida y una parte de nuez moscada.

La cantidad de nueces es orientativa. En la receta indican “1/4 cup” lo que equivale aproximadamente a 35 gr. Personalmente me gusta encontrar los trocitos crujientes así que le puse 50 gr. Va en gustos.

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  1. Hervir juntos el agua, las pasas, el azúcar, la miel y la mantequilla durante un par de minutos. Dejar enfriar.
  2. Tamizar la harina, añadir las especias y las nueces.
  3. Una vez el producto de la cocción esté frío quedará como un almíbar muy ligero y las pasas se habrán hidratado un poco. Incorporar la harina e integrar, parecerá un engrudo un poco sospechoso pero la cosa va bien.
  4. Verter la masa en un molde alargado, previamente engrasado o forrado con papel de horno.
  5. Hornear en horno moderado (170-190 ºC) en la parte baja del horno durante 1h. Controlar a partir de la primera media hora que no se queme por arriba.

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Volver a empezar… otra vez.

2 sep

Empieza Septiembre y en mi casa eso siempre ha significado dejar la playa y volver a la ciudad. Despedirnos del mar y de la brisa para recibir con los brazos abiertos el calor del asfalto… ¿Se nota mucho que ya echo de menos las vacaciones? Pero en el fondo no me puedo quejar, volver a la urbe también tiene sus cosas buenas como por ejemplo recuperar una conexión a internet fiable o un horno que funciona.

Y eso me lleva a la primera anécdota del verano que, junto con lo de no tener buena conexión, me ha “forzado” a tomarme las vacaciones también en la cocina y el blog. En verano se me suele presentar la conjunción perfecta para hornear: como veraneamos en una casa grande suele haber más gente que en mi casa el resto del año, en verano siempre nos damos algún que otro caprichito y levantamos más la mano con la dieta. Además y por encima de todo tengo mucho más tiempo. Así que podéis imaginar cuál fue mi (desagradable) sorpresa al llegar el primer día y enterarme que justo la semana anterior se había estropeado el horno sin remedio posible. Mi padre y mi hermano lo intentaron, operando al electrodoméstico a corazón abierto en la terraza, pero ni con esas.

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Así que en lugar de hornear me he dedicado a disfrutar de los placeres que ofrece la costa sur de España. Desde la ya tradicional cosecha de higos para preparar mermelada casera para todo el año (mi favorita de las tres que hacemos) hasta descubrir nuevos rincones en las islas de la zona, pasando por los maravillosos paisajes y restaurantes de la zona.

Si os estáis empezando a poner verdes de envidia os sugiero que echéis un ojo a la casa que alquilamos tanto en verano como fuera de temporada; aquí, aquí y aquí.

Pero, dejando la publicidad a parte, el mes de Agosto da para mucho y junto con el sol y la playa también tuvimos tiempo de hacer un viaje familiar a las Highlands escocesas. Eso sí, ¡cambiando el bikini por el abrigo!

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Para alguien de una zona tan cálida como Murcia, tanto verde, tantas nubes y tan poca temperatura en pleno verano es bastante chocante.

Por supuesto también buscamos el contacto con las raíces gastronómicas del lugar, preparadas de forma tradicional o reinterpretadas en clave moderna. Y aquí es donde voy a romper una lanza en favor de los Haggis. No sé si os suenan, si sabéis lo que son o si no los habíais oído nombrar jamás pero no os dejéis intimidar por sus curiosos ingredientes, realmente está muy bueno.

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Pero lo que más me interesa contar aquí es el primer souvenir que me compré en el viaje y que me va como anillo al dedo: un librito chiquitín (fijaos en comparación con las monedas) con una recopilación de las recetas típicas escocesas más importantes. ¿Adivináis de dónde van a salir las próximas entradas?

Aunque la contundencia de algunas recetas entre en conflicto con lo que mi hermano ha dado en llamar elegantemente “operación recorte de pienso” (hay que tomarse con un poco de humor eso de que los pantalones te aprieten un poco al volver de las vacaciones) buscaremos la manera de acallar la conciencia y extender la cultura gastronómica escocesa, que los viajes y lo que aprendes en ellos va más allá del tiempo que pasas fuera de casa.

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Pronto publicaré alguna receta para endulzar la vuelta al cole/trabajo/universidad/etc.

 

Tarta de queso, chocolate y baileys

1 ago

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El verano… sinónimo de vacaciones, playa, amigos y muuuuchas horas de luz.

En lo más crudo del invierno sueño con que lleguen los días de sol, con las sandalias y los vestidos de colores, los findes de semana en la playa o en la piscina… pero siempre me olvido del calor. Salir a la calle entre las 11 de la mañana y las 8 de la tarde es como sumergirse en un caldo calentito y realizar cualquier actividad implica sudar a mares. Por lo menos aquí en el sur.

Así que encender el horno requiere una buena dosis de voluntad y premeditación, además, en estas fechas el chocolate se derrite en la despensa y apetecen menos bizcochos y magdalenas. En casa se antojan más los helados, fruta, zumos o cualquier otra cosa que salga del frigo.

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Por eso esta tarta de queso es perfecta para el verano. Con chocolate, sin horno, fresquita y muy fácil. Y de regalo, un toque de Baileys (o cualquier otro licor de crema)

En la otra tarta de queso que tengo publicada contaba que mi madre nos la preparaba la versión tradicional a mi hermano y a mí para los cumpleaños como algo muy especial. Este año ha sido al revés y para su cumpleaños le preparamos esta versión para adultos que, huelga decir, fue todo un éxito.

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El mérito de esta receta no es en absoluto mío, esta combinación tan maravillosa es de Kanela y Limón y podéis verla aquí. No sé de dónde sacará las ideas pero cada receta que veo me enamora (ya he probado unas cuantas y no decepcionan) además, sus fotos son preciosas. De mayor quiero ser como ella.

Esta tarta lleva casi 4 años publicada, de cuando el blog sólo tenía 1, enterrada entre montones de otras recetas que vinieron después. Igual me estoy dando muchos aires pero quiero pensar que la he rescatado un poco del olvido porque en realidad se lo merece. Personalmente me llaman mucho la atención las variaciones de las tartas de queso de introducen colores o ingredientes sorprendentes y se salen del tradicional blanco y rojo.

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INGREDIENTES

Para la base:

  • 1 paquete de galletas tipo María, tostadas al horno o Digestive
  • 100 gr de margarina o mantequilla a temperatura ambiente

Para el relleno:

  • 250 gr de queso mascarpone
  • 200 gr de azúcar
  • 2 yogures de chocolate (250 gr)
  • 100 gr de chocolate para fundir
  • 150 ml de Baileys o cualquier otra crema de licor
  • 500 ml de nata para montar
  • 1 sobre de gelatina neutra
  • un poco leche caliente para disolver la gelatina

Las bolitas para decorar:

  • 100 gr de chocolate para fundir
  • 1 cucharada de margarina o mantequilla

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PREPARACIÓN

Atención a las temperaturas de los ingredientes:

  1. Para montar la nata, ésta debe estar muy fría.
  2. El queso mascarpone se integrará mejor en la masa si está a temperatura ambiente, igual que la margarina o mantequilla que vayamos a usar para la base de galleta, pero no es imprescindible
  3. Si usas mantequilla para la base de galletas, que esté a temperatura ambiente. Será más fácil mezclarla.

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  1. Si no disponemos de un robot de cocina para pulverizar las galletas (como fue mi caso) las metemos en una bolsa de plástico y con la mano del mortero o un rodillo las machacamos hasta que no quede ningún trozo demasiado grande.
  2. Mezclamos las galletas trituradas con la margarina o mantequilla y cubrimos uniformemente la base de un molde de paredes desmontables.
  3. Batimos el queso mascarpone con el azúcar
  4. Agregamos los yogures de chocolate y el chocolate fundido en el microondas (calentado a baja potencia unos cuanto segundo y removiendo de vez en cuando para que no se queme).
  5. A continuación el Baileys e integramos.
  6. Disolvemos la gelatina en leche caliente (si son láminas de gelatina, previamente hidratadas en agua fría durante unos minutos) y la incorporamos a la mezcla.
  7. Montamos la nata con ayuda de un batidor de varillas eléctrico y la incorporamos a la mezcla.
  8. Vertemos la masa en el molde sobre la base de galletas y lo dejamos en el frigorífico para que cuaje por lo menos durante 4 horas. Mejor si es de un día para otro.

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Cookies de jengibre

2 jul

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Una cosa que me encanta de hacer dulces caseros (a parte de la satisfacción, de que no llevan tantas porquerías como los productos industriales, de lo bien que huele antes, durante y después de hacerlos…) es que poder preparar lo quieras cuando quieras, no tener que esperar a que sea Semana Santa, Navidad o carnavales para prepararte los dulces típicos de esas fechas si te da el antojo. Y no estoy diciendo que en pleno mes de Julio me vaya a poner a hacer mantecados pero las galletas con especias, sí que son más típicas de la Navidad por el norte de Europa. Aunque deberían ser típicas de todo el año porque están buenísimas.

 

Seguro que habéis visto un montón de recetas hablando del toque rústico, casero y navideño que le confiere a las galletas la combinación de especias. Y es verdad, sólo matizaré que lo de navideño es cultural, igual que unas galletas de canela se preparan en cualquier época del año, con unas cuantas especias más, también.

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¿Y cómo fui a dar con esta receta en el vasto océano que es internet? Tenía dos condiciones que me ayudaron mucho a acotar la búsqueda:

  1. Buscaba algo diferente al típico gingerbread-man, esas galletas planas y crujientes con la forma de hombrecito, como el de Shrek. ¿Por qué? porque con el calor que hace iba a ser imposible despegar las galletas recortadas de la encimera de la cocina (¡anda! igual por eso se suelen preparar en invierno…) y, para ser sinceros, porque me da mucha pereza hacer este tipo de galletas.
  2. La especia principal debía ser el jengibre. Muchas, muchas recetas ponen que son galletas de jengibre y luego llevan más canela que otra cosa.

Al final encontré un par muy similares que me gustaron y acabé adaptando la de Simply Recipes. He sustituido la melaza por miel, por simples motivos de abastecimiento, y he ajustado un poco las cantidades de las especias a mi propio parecer; eso sí, ¡manteniendo siempre el jengibre como la principal!

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No hace falta que os siga vendiendo la moto, ni hablando maravillas de la receta. Sólo añadiré que en casa tuvieron muchísimo éxito y en cuanto se acabaron me pidieron que las repitiera (eso es MUCHO en favor de cualquier receta). Además, si fueran unas galletas corrientuchas no las publicaría, en el blog sólo comparto calidad.

INGREDIENTES

Las cups (tazas) y las teaspoons = tsp (cucharaditas) son medidas americanas, pero pongo la equivalencia en gramos para quién no las tenga.

  • 2 + 1/4 cups de harina (310 gr)
  • 2 tsp de jengibre en polvo
  • 1 tsp de canela  molida
  • 1/2 tsp de pimienta de Jamaica molida (5 semillas)
  • 1/4 tsp de clavo molido (5 clavos)
  • 1/2 tsp de sal
  • 2 tsp de bicarbonato
  • 3/4 cup de mantequilla o margarina (150 gr)
  • 1/2 cup de azúcar (100 gr)
  • 1/2 cup de azúcar moreno (90 gr)
  • 1 huevo
  • 1/3 cup de miel (100 gr)
  • Un poco más de azúcar para rebozar

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NOTA: Si preferís las cosas poco dulces recomiendo reducir 10 gr de azúcar, 10 gr de azúcar moreno y 10 gr de miel. En casa gustan más así.

PREPARACIÓN

Aclaración importante sobre si usar MANTEQUILLA o MARGARINA:

En esta ocasión la decisión es importante y repercutirá en el resultado; pero sobre todo en el manejo de la masa.

Si usas MARGARINA, sácala del frigo en el momento de usarla. La masa será fácil de trabajar mientras mezclas los ingredientes pero en el momento de formar las galletas resultará demasiado blanda para hacerlo con las manos, yo me ayudé de dos cucharas y un poco de maña.

Si usas MANTEQUILLA, sácala del frigo un buen rato antes de usarla, igual que el huevo, para que se pongan a temperatura ambiente. Mezclar los ingredientes te resultará más fácil con una amasadora o algún electrodoméstico similar. Lo bueno llega al formar las galletas: la masa tendrá suficiente consistencia para hacer bolitas con las manos, lo cual es mucho más cómodo que apañarse con las cucharas…

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  1. Precalentamos el horno a 190ºC. Ponemos en un cuenco la harina, el bicarbonato, la sal y todas las especias molidas.
  2. Batimos la mantequilla o la margarina con el azúcar hasta que la mezcla esté esponjosa (la mantequilla requiere más tiempo).
  3. Agregamos el huevo y la miel e integramos bien.
  4. Añadimos la mezcla de ingredientes secos y volvemos a mezclar.
  5. Por último, formamos bolitas aproximadamente del tamaño de una nuez y las rebozamos en azúcar. Se colocan en la bandeja del horno un poco separadas entre sí, porque crecen bastante. No hace falta aplastarlas, durante el horneado adquieren su forma.
  6. Hornear cada bandeja entre 11 y 13 minutos, dependiendo de cada horno y de lo blanditas que os gusten.

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Por último voy a dedicarles esta entrada a una amiga mía del alma que se me ha ido lejos, pero que esta semana me ha sorprendido con una visita relámpago y me ha regalado una tarde estupenda de charla y paseo. Espero que podamos repetir pronto.

Aceite vs. Mantequilla: segunda parte

14 jun

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Acabo de completar mi tercera semana como trabajadora (me refiero en una oficina, con horario, jefes y esas cosas…) y en este breve espacio de tiempo ya he sacado algunas conclusiones:

  1. Que te paguen por aplicar tus conocimientos, mola.
  2. Coger el coche todos los días, sobre todo si es a la misma hora que tooooodos los demás, aburre enseguida.
  3. La jornada partida es un rollo.

A consecuencia de esa última máxima se me van los días sin enterarme. Cuando pienso en preparar alguna receta ya es casi hora de cenar y la mayoría de fines de semana salgo fuera de la ciudad… así, no es de extrañar que tenga el blog tan abandonado.

(Muy  mal, muy mal; a eso hay que ponerle remedio)

Así que ¿qué menos que algo un poco más interesante para compensar? ¡Toca experimento!

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Por número de visitas, la entrada más popular de las que llevo escritas hasta el momento es, sin duda, la comparativa de aceite vs. mantequilla que preparé al principio de los tiempos. Pero me he dado cuenta de que una de las grandes preguntas de la humanidad que involucran esos dos ingredientes se quedó sin contestar… Más allá de preferir una receta de bizcocho de aceite o de mantequilla ¿Qué pasa si se sustituye uno por otro?

Si no queda mantequilla suficiente y me da por reemplazarla por aceite ¿Será una catástrofe? ¿Será aceptable? ¿Podré salir del paso hasta que vaya a comprar al súper? Las respuestas un poquito más abajo.

Me hubiera gustado preparar dos recetas: el bizcocho básico de margarina/mantequilla como muestra de control y la versión experimental, sustituyendo los gramos de margarina por gramos de aceite de girasol. Por falta de tiempo solo hice la versión experimental, pero al menos tengo algo que contaros. Además, he preparado tantas veces el bizcocho básico de margarina para las recetas del Reto 1 Masa 100 Tartas, que puedo hablar de memoria sobre él.

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El de margarina es un bizcocho de los de toda la vida: esponjoso, tiernecito y más o menos jugoso según cuanto lo hornees, de los que te llena la boca al dar un buen mordisco. De sabor suave, tan versátil que puedes combinarlo con casi cualquier otro sabor o ingrediente que se te ocurra.

Ahora vienen las sorpresas: ¿Cómo salió el bizcocho experimental? Sinceramente no las tenía todas conmigo, pensé que un cambio tan significativo tendría consecuencias mucho más graves pero en casa todos nos quedamos con los ojos como platos al probarlo: resultó ser un bizcocho increíblemente ligero, creo que esa es la palabra que mejor lo describe. Muy aireado y esponjoso; de sabor muy suave, casi delicado; y lo más curioso es que era bastante seco, pero no seco como esos que se pegan a la garganta y no hay manera de que bajen, seco en un buen sentido. Es difícil de explicar.

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Como conclusión puedo decir que sí, cambiar mantequilla o margarina por aceite influye MUCHO en el resultado del bizcocho, pero no tiene porqué ser malo, todo depende de lo que vayas buscando. Puede que si quieres cubrirlo con fondant no tenga el suficiente consistencia y se hunda, o si se rellena con cremas muy pesadas les robe humedad y haya desperfectos… no lo sé, todo es cuestión de probarlo. Por sí solo a me causó una grata y significativa impresión, una textura totalmente diferente y digna de merecer una oportunidad.

Y para terminar, os dejo con las instrucciones de este pequeño experimento que espero os haya parecido, cuanto menos, curioso.

INGREDIENTES

  • 3 huevos
  • 1 yogur natural (el vasito es la medida)
  • 200 gr de harina
  • 180 gr de azúcar
  • 170 gr de mantequilla o margarina (sustituidos por 170 gr de aceite de girasol para el experimento)
  • 1 cucharada de levadura (tipo Royal)

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PREPARACIÓN

SI FUERA DE MANTEQUILLA O MARGARINA: el orden para mezclar los ingredientes sería:

  1. Batir la mantequilla o margarina con el azúcar.
  2. Agregar los huevos de uno en uno mezclado bien después de cada adición.
  3. Añadir la harina con la levadura y mezclar justo hasta que esté integrado.
  4. Hornear de 35 a 45 minutos con el horno precalentado a 180ºC

PARA EL EXPERIMENTO DE ACEITE: Batir la mantequilla/margarina con el azúcar sirve para que el bizcocho quede más esponjoso y con volumen. Para conseguir eso mismo, batir el aceite con el azúcar es inútil, así que cambié el orden por:

  1. Batir los tres huevos con el azúcar hasta que empiecen a espumar y la mezcla palidezca.
  2. Añadir el aceite y mezclar bien.
  3. Añadir la harina con la levadura y mezclar justo hasta que esté integrado.
  4. Hornear de 35 a 45 minutos con el horno precalentado a 180ºC

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Plumcake, precumpleaños y muchos cambios.

18 may

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Durante la primavera el tiempo es muy cambiante: tan pronto hace calor, como se presenta una tormenta, caen las temperaturas varios grados o vuelve un falso verano. Este mes de Mayo está resultando para mí toda una primavera de acontecimientos.

Para empezar, llevo un par de semanas diciendo eso de “mañana sin falta preparo algo y escribo una entrada” pero por unas cosas u otras al final se me pasaban los días y seguía sin encender el horno. Pero es que han pasado muchas cosas: Desde tener la remota (muy remota) posibilidad de pasar tres meses de prácticas en Paraguay a pasar un par de semanas de viaje por y para formación y búsqueda de empleo; hacer entrevistas descorazonadoras o tener que cancelar planes para mi cumpleaños por causas de fuerza mayor hasta que, de un día para otro, se presenta una oportunidad de oro que le da la vuelta a todo lo que tenías pensado hasta el momento.

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Lo malo de los cambios importantes es que muchas veces implican renunciar a algo en favor de esa oportunidad que se presenta. Estos tres últimos meses he estado haciendo un curso de formación en el que he conocido a gente maravillosa y casi más para endulzar la despedida que para celebrar por adelantado mi cumpleaños preparé el plumcake de esta entrada.

Y ya vale de ponerse seria que en realidad los acontecimientos son motivo de celebración. Del curso que he tenido que dejar me quedo con los buenos recuerdos y con la alegría de haber conocido a un grupo de personas con el que me he reído a carcajadas absolutamente todos los días. A vosotros, amigos eficientes, os dedico esta entrada (¡que espero que leáis!) y os prometo poner todo de mi parte para no perder el contacto con vosotros.

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Ahora ya pongo la receta, que es lo que toca:

INGREDIENTES

  • 100 gr de pasas
  • 100 gr de frutas confitadas
  • 1 copita de ron
  • 175 gr de mantequilla a temperatura ambiente o margarina fría (la receta original con mantequilla, yo lo preparo con margarina)
  • 150 gr de azúcar
  • 3 huevos
  • 250 gr de harina
  • 1/2 sobre de levadura en polvo (tipo Royal)
  • 1/2 cucharadita de sal

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PREPARACIÓN

Si tienes amasadora cambiar mantequilla por margarina sólo afectará en el sabor, que es un poco más intenso con la primera. Si no tienes amasadora y vas a trabajar la masa a mano, te recomiendo la margarina, que es más blandita y supone menos esfuerzo.

Si no encuentras frutas confitadas, que reconozco que a veces no hay manera, puedes sustituirlas por una mezcla de otras frutas deshidratadas como arándanos rojos, orejones de albaricoque o ciruelas pasas, éstos dos últimos, troceados.

El Plumcake es un bizcocho denso pero bien preparado no tiene porqué dejar de ser esponjoso. Las frutas maceradas aportan un punto jugoso y el ron le da el toque especial.

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  1. Precalentamos el horno a 180ºC. Ponemos en un cuenco las frutas confitadas y las pasas junto con el ron, removiendo de vez en cuando para que se hidraten.
  2. Batimos la mantequilla a temperatura ambiente hasta que parezca una pomada, si usas margarina puedes ponerla fría directamente del frigorífico y requiere menos tiempo de batido.
  3. Agregamos el azúcar y seguimos batiendo hasta que la mezcla empiece a blanquear y a esponjarse.
  4. Añadimos los huevos de uno en uno, mezclando bien después de cada adición.
  5. A continuación la harina junto con la levadura y la sal. Mezclamos suavemente justo hasta que se integre.
  6. Por último añadimos las frutas y el ron que haya quedado en el cuenco y lo llevamos al horno durante 40-45 minutos.

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Vino y Chocolate

13 abr

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“Vino y Chocolate” pueden parecer una pareja extraña; “Vino y Queso” son más conocidos, pero no por ello debemos menospreciar a los dos primeros. En cuanto los conozcais vereis cuánte verdad encierra la advertencia que sigue: esta receta es indecentemente deliciosa, y el adjetivo lo uso con toda intención, me explico:

Seguro que todos hemos hecho alguna vez, lo de probar la masa directamente del cuenco, pues cuando pruebas esta masa te dan ganas de ponerte a rechupetear todo el cuenco, las varillas, la cuchara y cualquier otra cosa que tenga algún resto, sin recato, sin verguenza, sin… sin decencia ninguna. A mi favor diré que aunque en ese momento no había nadie en la cocina, conseguí controlarme, pero no fue fácil.

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El sabor de este bizcocho es intenso, profundo y muy rico, con una miga densa y jugosa. Me recuerda un poco al Stout Chocolat Muffin Bread que preparé hace un tiempo… si al final va a ser buena idea lo de echar bebidas alcohólicas a los bizcochos.

La receta me la pasaron apuntada en un papel, como una enumeración de ingredientes con una temperatura de cocción y un tiempo orientativo de horneado, así que el orden de elaboración lo he establecido como mejor me ha parecido. Sentíos libres de alterarlo como mejor os parezca.

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INGREDIENTES

  • 4 huevos
  • 200 gr de cacao soluble (del del hacer chocolate a la taza o leche con cacao, NO ES cacao puro en polvo)
  • 200 gr de azúcar
  • 200 gr de harina
  • 120 gr de vino tinto
  • 200 gr de aceite vegetal
  • 16 gr de levadura en polvo (1 sobre)

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PREPARACIÓN

Cosas a tener en cuenta con esta receta:

Primero. Como se aclara en la lista de ingredientes el cacao en polvo NO ES el cacao puro en polvo (ese amargo y potente) porque 200 gr de eso… creo que sería demasiado. Yo he utilizado Colacao, que es lo que tenía en casa, pero lo he probado otras veces con el preparado para hacer chocolate a  la taza de Valor y sale más bueno si cabe. Pero sirve cualquier cacao soluble que tengáis en casa.

Segundo. No hace falta que el vino tinto sea de calidad suprema, un vino exquisito se aprecia mejor bebiéndolo. Pero tampoco un vino de cartón… Algo intermedio.

Tercero. Insisto en que es peligrosamente adictivo. Ale, avisados estáis, ya podemos pasar a la receta.

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  1. Tanto haciéndolo a mano como con amasadora lo primero es batir bien los huevos con el azúcar.
  2. Después agregamos el vino y el aceite.
  3. A continuación la mezcla de ingredientes secos: harina, el cacao soluble de vuestra elección y la levadura.
  4. Se mezcla todo bien, se vierte en el molde que vayamos a usar y se lleva al horno, precalentado a 180º, y se hornea durante 45-50 minutos.

Dependiendo del horno necesitará más o menos tiempo. A partir de la primera media hora id controlando para que no se queme por arriba. Si se empieza a tostar, cubridlo con papel de aluminio.

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