Cambios, idas, venidas… y tartaletas de pera.

Septiembre siempre ha tenido un aire como de nuevo.

Seguro que no soy la única a la que le pasa, y es lógico si desde los 3 años por estas fechas empieza el curso escolar. Son muchos años de escuchar ese mensaje no tan subliminal de “volver a empezaaaaar…. ¡otra vez!”. Todos los niños de mi generación debemos estar traumatizados por esa cancioncilla, pero ese no es el tema, que me voy por las ramas. Decía que para mí, de un modo u otro, septiembre ha sido un tiempo de nuevos comienzos así que me parecía bastante apropiado retomar el blog en este mes.

Desde la última vez que escribí han pasado mucho tiempo y muchas cosas. Vivir y trabajar durante 6 meses en el extranjero ha sido una experiencia a la que no me veo capaz de adjudicar un único adjetivo pero casi todos los que me pasan por la cabeza son positivos. Por supuesto que estando allí echaba muchísimo de menos mi casa, mi gente y mi país pero ahora que he vuelto, miro atrás y me alegro mucho de haber pasado por ello. He conocido gente estupenda y descubierto un país amable y acogedor. Tal vez algunas de esas vivencias se vayan filtrando en las entradas y en las recetas, conforme yo misma las vaya asimilando.

Como todas las grandes experiencias vitales, estos 6 meses me han hecho madurar y crecer y el reflejo más inmediato que he encontrado de esa evolución ha sido en mi percepción del blog. Al volver sobre él no encuentro otra cosa que necesidad de renovación. Puede que sólo sea una manera de exteriorizar mis propios avances o simplemente que lo veo un poco “pasado de moda” sea cual sea la razón pienso hacerle una buena reforma. No sólo un lavado de cara, que también, los cambios llegarán a un nivel más profundo o eso es lo que voy a intentar. Reorientarlo, reorientarme, seguir buscando un estilo propio, mejorar las fotos… seguir avanzando, aprendiendo y evolucionando. Así que si ocurren cambios de un día para otro… las cartas están sobre la mesa.

Y como soltar este fragmento psicoanalítico así, gratuitamente, me parecía un poco duro… he preparado unas tartaletas de pera. Si ya lo decía Mary Poppins: “con un poco de azúcar…”

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Estas tartaletas han sido todo un descubrimiento improvisado. Todo empezó con una visita de unos primos del pueblo de mi padre. Entre otras muchas (muchas) cosas nos trajeron una caja de peras del peral de su patio, es decir, 100% ecológicas, bio, libres de pesticidas, etc. Vamos, lo mejor de lo mejor. Después de comernos un montón y repartirlas entre mis tíos y mi abuela, aún nos quedaban varios kilos para gastar los tres que estamos de momento en casa, amén de otras frutas típicas del verano. Había que hacer algo con ellas, pero con estos calores bizcochos no apetecen muchos y mermeladas preferimos de otras (y ya estaban hechas).

La solución se presentó en forma de masa quebrada a punto de caducar en el fondo del frigo. La combinación perfecta para acabar el verano: poca masa, mucha fruta, dulce, rico y ligero.

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INGREDIENTES:

  • una lámina de masa quebrada (en la sección de refrigerados del supermercado)
  • un puñado de almendras (opcional)
  • entre 2 y 5 peras dependiendo de lo grandes que sean
  • azúcar y canela para espolvorear
  • agua con limón para evitar que se oxide la fruta durante el montaje

PREPARACIÓN

A mi me gusta dejar la fruta con la piel, para mantener la fibra y las vitaminas, además le da más color y textura al resultado, así que lo primero es lavar bien las peras (o si lo prefieres, pelarlas). Según el tamaño de la pera cortarla en 6 u 8 trozos y descorazonarlas. Ponerlas en remojo en el agua con limón para evitar que se oxiden.

Sobre el molde a utilizar se coloca la lámina de masa quebrada y se reparten las almendras ligeramente trituradas en un mortero. En el resultado final no se notaban mucho así que son completamente prescindibles si no las tienes a mano.

Escurrir la fruta y distribuirla de manera ordenada, o a mogollón. Yo he optado por lo opción de a mogollón, me gusta el estilo “rústico” que queda. Espolvorear una o dos cucharadas soperas de azúcar y un poquito de canela sobre la fruta.

Hornear 30 minutos a 180ºC o hasta que la masa esté dorada y la fruta tierna.

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NOTAS

Si no hay a mano un molde bajo de los que se usan para hacer quiches o tartaletas (como el de silicona que se ve en las fotos de arriba) no hay problema, solo hay que dejar un poco de espacio libre en el borde de la masa quebrada para volverla sobre la fruta antes de meterla al horno y… voilà! la tartaleta se ha transofrmado en una galette igual de fácil y de deliciosa.

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Lo mejor que se puede decir sobre esta receta (que casi ni se puede llamar receta de lo fácil y versátil que es) es que la preparé ayer a mediodía para el postre y a la hora de cenar ya no quedaban ni las migas. Ahora mismo hay otra, más grande que la anterior, combinando pera y manzana para el postre de hoy. A ver si llega a la noche.

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