Bara Brith, pan moteado de Gales.

Hoy es Viernes de Dolores. Oficialmente empieza la Semana Santa y las vacaciones para muchos (en mi caso, “vacaciones”; vivo pegada a mi portátil mientras esté liada con mi Proyecto Fin de Carrera).  Mi objetivo culinario para estos días es documentarme y encontrar información fiable para hacer una nueva entrada de investigación. Mientras tanto, os dejo con ésta receta libre de grasa y de culpa para que la disfrutéis durante las vacaciones.

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Bueno, lo primero que tengo que decir sobre el Bara Brith antes de que algún galés lea el título del post y se me eche encima, es que la receta arrastra un laaaargo (y parece que irreconciliable) debate sobre si es un pan o un bizcocho, más o menos como aquí lo de ser madridista o culé. Yo no me mojo y del pan me quedo con el nombre y del bizcocho me quedo con que es dulce.

Para no cambiar la línea de recetas prestadas que traigo últimamente, hoy repito con el blog de Biscayenne, pero prometo hacer pronto alguna investigación, que ya toca ¿no? Si pincháis en el enlace directo a la receta (aquí) y os fijáis en las fotos, comprobaréis la infalibilidad (no, no es una palabra inventada aunque lo parezca, lo he mirado en el diccionario) de la receta: ¡me ha quedado igualito!

Respecto a las fotos, no he podido poner ninguna del corte porque el bizcocho, digo… el pan, digo… del bizcocho… bueno, que no era para gastarlo en casa. Esta receta la preparé especialmente para mi tía M.J. y a ella le dedico este post. Está guardando reposo después de una fractura en el pie un poco fea y como no pude ir a verla le mandé mis mejores deseos con este dulce. Al no poder moverse mucho, no me parecía apropiado mandarle un producto cargado de aceite o mantequilla, así que la ausencia de cualquier tipo de grasa entre sus ingredientes fue lo que me hizo decantarme por esta receta y no otra; además, tenía tan buena pinta sólo leyendo los ingredientes que tenía que probarla.

Permitidme ahora que os hable un poco de su historia, que para copiar la receta o ver las fotos ya tenemos a Google:

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En galés, Bara Brith significa literalmente pan moteado, y el origen se remonta a los tiempos de la abuela de Maricastaña (¡por lo menos!) porque si ya por el 1865 cuando los galeses emigraron a Argentina llevaron consigo la receta y la popularizaron allí como torta negra, debía de venir de bastante antes el prepararla en su tierra. Una de estas recetas que parece que han existido desde siempre, de las que te enseñan las abuelas y en las que cada casa tiene su propia versión insuperable e indiscutible.

Según he leído, el Bara Brith surgió como una manera de aprovechar en el horno del pueblo los restos de masa de las hornadas de la semana: los juntaban todos, echaban un poco de azúcar y fruta seca remojada en té para darle un poco más de gracia. También aprovechaban el calor residual de los hornos, una vez que se habían apagado, ya que este pan-bizcocho no se cocina a plena potencia sino a temperatura un poco más baja. Como veis es una receta de reciclaje 100% pero que arraigó tanto que ahora se prepara expresamente.

INGREDIENTES

  • 200 gr harina normal
  • 200 gr harina integral
  • 100 gr azúcar moreno
  • 1 cucharadita de especias molidas: canela, jengibre, nuez moscada y clavo.
  • 1 pizca de sal
  • 10 gr de levadura en polvo tipo Royal
  • 1 huevo
  • 2 cucharadas colmadas de mermelada de naranja, de albaricoque… yo usé de naranja (y además, casera)
  • 400 ml de te fuerte, hecho con dos o tres bolsitas, según os guste de fuerte y lo grandes que sean las bolsitas.
  • 400 gr de fruta seca y/o escarchada (yo usé pasas, ciruelas pasas, orejones y arándanos. Puse unos 320 gr y me pareció que ya llevaba bastante.)

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PREPARACIÓN

Consideraciones sobre la receta:

Tradicionalmente se usa té negro, pero cada uno es libre de hacerlo con el que más le guste. Eso sí, ojo con las especias porque igual no combinan bien con el que hayais escogido. Queda a vuestro criterio el reducirlas o no ponerle para que se note más el sabor del té. Una vez que tengamos lista la infusión (si el té era a granel hay que colarla) echamos dentro toda la fruta y lo dejamos hidratando. Yo lo tuve 8 horas y la fruta se “bebió” casi todo el té, así que si vais justitos de tiempo y no está las 8 horas… oye, tampoco pasa nada. La cuestión es que la fruta macere y suelte esencia y sabor en el té, ya veréis cómo va espesando el líquido y desprendiendo aroma.

En cuanto a la fruta, podéis usar la que haya más a mano: fruta escarchada de la que se usa para el plumcake o el roscón de reyes, cualquier fruta seca o deshidratada que os guste o como si solamente son pasas. Y de cantidad, yo creo que cuando llegas a los 300 gr, ya va bien servido, si quieres llegar a los 400, adelante, pero sino, sin problema.

Con las cantidades de té (3 cucharaditas) y de especias (1 cucharadita completa juntándolas todas) que utilicé, el pan queda con un sabor intenso. Si preferís los postres más suaves probad con dos cucharaditas o dos bolsitas de té para hacer la infusión y la cucharadita de especias que sea un poco escasa, o eliminad el clavo de la mezcla, que tiene un sabor potente.

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  1. Cuando las frutas estén bien hidratadas, nos ayudamos de un colador para separarlas del té que haya podido quedar y escurrirlas un poco. A mí me resultó un pelín complicado sacarles algo, ya os he dicho antes que se habían “bebido” prácticamente todo el líquido y el que dejaron lo habían espesado bastante.
  2. En un cuenco ponemos juntos todos los ingredientes secos (las dos harinas, el azúcar moreno, la levadura, la sal y las especias molidas) y los mezclamos. En otro cuenco batimos los huevos y les agregamos todos los ingredientes húmedos (el té que hayamos sacado y la mermelada)
  3. Vertemos los ingredientes húmedos sobre los secos y con una espátula de madera vamos mezclándolos. Al haber poco líquido frente a tanto seco puede que os cueste un poco. Si veis que está muy seco, agregad un chorrito de leche (o dos, en mi caso) hasta que toda la mezcla quede uniforme. Eso sí, es una masa densa, recordad que va tirando al pan más que al bizcocho.
  4. Añadimos las frutas y las repartimos uniformemente por la masa.
  5. Vertemos la masa en el o los moldes que vayamos a utilizar, previamente engrasados. Para la cobertura hice dos pruebas, el pequeñito está pintado con miel y para el grande humedecí tres o cuatro cucharadas de azúcar blanca con unas gotitas de agua y lo desmigué por encima.
  6. Horneamos a 180ºC durante una hora aproximadamente. Cuando hayan pasado entre 30 y 45 minutos, dependiendo del horno, comprobad que no se esté tostando demasiado por arriba. Si así fuera, un poco de papel albal por encima nos soluciona la papeleta.

Para comprobar que esté hecho podemos pincharlo con una brocheta, cuchillo o cualquier elemento alargado para no quemarnos. Debe salir limpio pero no seco del todo (sino, el bizcocho-pan nos va a quedar como una zapatilla).

Ni que decir tiene que de las dos pruebas de cobertura la de azúcar queda mil veces mejor.

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Mis fuentes sobre la historia del Bara Brith son el propio post de Biscayenne, que ya os lo he enlazado arriba, y otro artículo que ella misma proporciona (aviso que está en inglés, podéis leerlo aquí). De verdad que he buscado por la red pero tampoco he encontrado mucho más, o diferente, de lo que he contado más arriba.

Carrot Cake Cookies o Galletas de Zanahoria

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Seguimos con las galletas.

Seguimos con las recetas fáciles, fáciles y deliciosas.

Y seguimos con las recetas prestadas: esta vez repetimos de El Rincón de Bea (enlace directo a la receta aquí) y seguro que habrá más porque ya os dije (en la entrada del Banana Loaf) que lo que ella publica merece la pena. He probado varias recetas suyas (ésta entre ellas, obviamente) y ninguna me ha fallado.

La primera vez que me animé a hacer esta receta fue porque tenía un par de zanahorias abandonadas en el fondo del cajón de las verduras. Sí, cuando tengo alguna verdura o fruta un poco pasada pienso en reconvertirlas en galletas y/o bizcochos. ¿Macedonia? ¿Crema de verduras?… ¿Qué es eso? Pues fue una suerte que me animara con estas galletas porque han sido todo un descubrimiento. Después de muchas otras recetas me seguían diciendo en casa: “aquellas galletas de zanahoria… esas hace mucho que no las preparas.”

Pues aquí están de vuelta. Un bocado jugoso, sabroso y con ingredientes que casi seguro que tenéis a mano.

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La receta la he puesto prácticamente tal cual la tiene Bea en su blog, pero os quiero hacer algunas aclaraciones:

  • Ya sabéis que cuando pone mantequilla yo uso margarina.
  • El huevo mejor que sea de tamaño XL ya que es el único para todos los ingredientes, si es L tampoco pasa nada.
  • La esencia de vainilla es opcional, yo no tenía y no le puse, salen deliciosas igualmente.
  • Con los gramos de zanahoria no os calentéis mucho la cabeza: en la receta original son 90 gr, con las dos zanahorias de la foto me salieron 120 gr, otra vez que las hice fueron 100 gr… salen ricas igual. Rallad las dos zanahorias que tengáis a mano y listo.

INGREDIENTES

  1. 125 gr mantequilla
  2. 120 gr azúcar moreno
  3. 1 huevo grande
  4. 200 gr harina
  5. 1 cucharadita de canela
  6. 1/2 cucharadita de bicarbonato
  7. 1/2 cucharadita de sal
  8. 1/2 cucharadita esencia de vainilla
  9. 120 gr zanahoria rallada (2 zanahorias)
  10. 100 gr pasas
  11. 50 gr nueces troceadas

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PREPARACIÓN

Recordad, el huevo y la margarina a ser posible que estén a temperatura ambiente para que al añadir el huevo no se nos corte la margarina.

La única parte que podría resultar laboriosa de esta receta es rallar las zanahorias que, si están un poco pasadas y empezando a ponerse blandas… puede hacerse un poco pesado. Lo sé, he pasado por eso.

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  1. Pesamos y medimos todos los ingredientes, asegurándonos de que no nos falte ninguno importante. Una vez hecho esto encendemos el horno con calor arriba y abajo a 175ºC para que se vaya calentado.
  2. En un cuenco grande batimos la margarina con el azúcar moreno.
  3. Añadimos el huevo y mezclamos hasta que esté bien integrado.
  4. Sobre la mezcla anterior tamizamos la harina con el bicarbonato, la sal y la canela. Mezclamos bien con cuidado de que no nos queden grumos.
  5. Añadimos la zanahoria rallada y la integramos en la masa.
  6. Agregamos las pasas y las nueces troceadas y nos aseguramos de que estén repartidas uniformemente.
  7. Con la ayuda de dos cucharas soperas colocamos montoncitos de masa sobre el papel de horno (puesto en la bandeja del horno), cuidando de dejar cierta separación entre ellos porque ya veis en las fotos que crecen.
  8. Horneamos cada bandeja entre 12 y 14 minutos.

Al sacarlas del horno debemos dejar reposar las galletas en la bandeja varios minutos antes de pasarlas a una rejilla para que terminen de enfriarse. Esto es porque son unas galletas MUY tiernas y blanditas, recién sacadas del horno más todavía, pero incluso frías son muy delicadas y hay que manipularlas con mucho cuidado para que no se nos rompan. Es decir, que al comerlas nos parecerá que le estamos dando un bocado a una nube esponjosa con sabor a carrot cake.

Espero que las probéis… ¡y que las disfrutéis mucho!

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Pastitas de almendra

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Ésta vez he tardado un poco en publicar entrada, lo sé, pero que conste que en estos algo más de 20 días he completado un par de recetas más del reto 1Masa100Tartas.

Este fin de semana he probado una receta a la que tenía ganas desde el momento en que la leí. Es otra receta prestada de uno de mis blogs favoritos, en esta ocasión el de Biscayenne (éste es el enlace directo a la receta). La suya es de galletas de nuez pero yo la he hecho con almendras. Os cuento por qué:

Una de las tradiciones pre-navideñas de mi familia materna consiste en pasar el puente de la Inmaculada en la casa del pueblo. A parte de celebrar el santo de mi abuela nos dedicamos a preparar un dulce muy típico que nunca falta en nuestras bandejas surtidas, junto a polvorones, turrones y demás: el alfajor. El que nosotros hacemos es una pasta de base de almendras, prensada entre dos obleas y cortado transversalmente en tiras finitas, con un suave toque de anís y limón. Si existe otro dulce navideño distinto pero de igual nombre… en mi casa no se conoce.

Para hacer el alfajor, que solemos hacemos en cantidad, gastamos muchísimas almendras; y como el pueblo está rodeado de almendros y mi abuela conoce a mucha gente, siempre nos suelen regalar un saco lleno de almendras (con la cáscara) y pasamos un par de días en familia partiendo, limpiando y rallando almendras, trabajando en equipo y charlando.

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Pero este año las circunstancias han sido adversas y por H o por B no hemos podido hacer el alfajor. Consecuencia: un saco enorme lleno de almendras esperando  ser aprovechadas en alguna otra receta. Por eso he cambiado las nueces por almendras… ¡y menudos resultados!

Bien podría haber descubierto el nuevo dulce navideño por excelencia. Si os fijáis en los ingredientes, básicamente es almendra y poco más, apenas lleva margarina y muy poco azúcar. Un bocadito ligero para unas fiestas que suelen ser de empachos. Además son muy, muy, pero que muy fáciles de hacer, crujientitas y con sabor a tradición (da igual que acabe de descubrirlas… debe ser por la almendra) como si se hubieran hecho de toda la vida. Y por si fuera poco… ¡no me diréis que no quedan preciosas!

Espero que probéis la receta y la disfrutéis mucho. Aquí os la dejo:

INGREDIENTES

  • 270 gr almendras peladas
  • 50 gr harina
  • 70 gr azúcar
  • 1/2 cucharadita de levadura en polvo (tipo Royal)
  • 1 huevo (tirando a grande)
  • 1 cucharada de mantequilla (margarina) a temperatura ambiente
  • 1 cucharada de zumo de limón

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PREPARACIÓN

La única cosa que hay que hacer en previsión para esta receta es sacar la cucharada de margarina (o mantequilla) y el huevo del frigo con tiempo suficiente para que se templen. Al ser el único aporte húmedo, junto con la cucharada de zumo de limón, es importante para que ligue la masa.

Por si alguien está pensando calentar la margarina en el microondas o derretirla porque se olvidó de sacarla con tiempo… no lo recomendaría. No he probado a hacerlas así por lo que no estoy 100% segura, pero puede que queden demasiado pringosas y el resultado horneado no sea tan crujiente, sino algo pastoso. Pero ya digo que no he probado a derretir la margarina.

Si se nos ha olvidado sacar las cosas del frigo, es mucho mejor que en un cuenco pequeño batamos con un tenedor o una cucharilla la margarina hasta que tenga el aspecto de pomada. El movimiento la hará “entrar en calor”. Y el huevo se templa mientras trituramos las almendras.

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  1. Lo primero es triturar las almendras. Yo lo he tenido muy fácil gracias a una picadora de cuando mis padres se casaron. De estas cosas que se guardan en el pueblo “por si acaso hace falta” y que al final acabas usando… Fijaos si tiene años el cacharro ¡que funciona a 125 voltios! tuvimos que buscarle un transformador para poder enchufarlo a la corriente… Con un robot de cocina moderno, con la thermomix o la batidora sale igual de bien, y a las malas, vais metiendo puñados de almendra en una bolsa y con un rodillo o la mano del mortero (y un poco de paciencia) se hace el apaño.
  2. En un cuenco ponemos juntas las almendras trituradas, la harina, el azúcar y la levadura en polvo.
  3. Mezclamos bien todos los ingredientes secos y añadimos el huevo.
  4. Volvemos a mezclar. Quedará una masa desmigada a la que agregamos la margarina y la cucharada de zumo de limón.
  5. Vamos integrando todos los ingredientes poco a poco y con cuidado, porque cuesta un poco y si nos emocionamos mucho nos puede salir la masa disparada del cuenco.
  6. Cuando consigamos una masa compacta que se despega fácilmente de las paredes del cuenco lo llevamos a la nevera como mínimo media hora. Lo ideal, una hora más o menos, para que termine de compactar y sea más manejable.
  7. Transcurrido el tiempo, sacamos la masa del frigorífico y encendemos el horno a 175ºC con calor arriba y abajo. Mientras se calienta, formamos con las manos bolitas del tamaño aproximado de una nuez. Las rebozamos en azúcar glas (que queden muy bien cubiertas) y las ponemos en la bandeja forrada con papel de horno. Una vez en la bandeja yo las aplasté un poquito con los dedos.
  8. Horneamos 15-16 minutos.

Estas galletas no se doran mucho, así que cuidado no se os vayan a quemar o a quedar muy duras porque estéis esperando verlas de color tostado para sacarlas.

Con el paso de los días van siendo menos crujientes y ligeramente más blanditas, así que mejor gastarlas en los días sucesivos al horneado.

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Bizcocho de miel

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¡Feliz día de Reyes a todos!  ¿Se han portado bien Sus Majestades de Oriente? ¿Y con el roscón, ha tocado figurita o el haba?

Como buen blog de repostería no podía dejar pasar el día de Reyes sin publicar aunque fuera alguna cosita rápida y sencilla. Esta vez me pilla demasiado de nuevas y no me atrevo con un roscón de reyes todavía pero, ¿quién sabe? Tal vez el año que viene, con un poco más de experiencia, la cosa cambie.

Para continuar en la línea de los bizcochos “light” que comentaba en la entrada anterior, el bizcocho de hoy es perfecto: tampoco lleva aceite, ni margarina ni mantequilla. En su lugar lleva miel.

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Mientras lo preparaba pensaba que iba a resultar un poco empalagoso y tal vez demasiado dulce, pero no. El resultado es tierno, tiende a ser poco dulce, lo que se combina perfectamente con la salsa de miel y limón que lo acompaña.

BIZCOCHO DE MIEL

  • 3 huevos
  • 180 gr de yogur natural (aproximadamente un vasito y medio)
  • 200 gr harina
  • 60 gr azúcar moreno
  • 170 gr miel
  • 1 sobre de levadura
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla (opcional)

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Una vez mezclados todos los ingredientes y obtenida una masa homogénea, la vertemos en un molde apto para horno (yo he usado uno de silicona de unos 23 cm de diámetro) y lo metemos al horno, previamente calentado a 180ºC con calor arriba y abajo, sin ventilador. A los 30 minutos lo he tapado con papel de aluminio (ya veis en las fotos que se me ha tostado un pelín de más pero… ¡nadie es perfecto!) y lo he dejado 15 minutos más.

SALSA DE LIMÓN

  • 2 cucharadas rasas de margarina
  • 2 cucharadas de zumo de limón
  • 2 cucharadas de miel

Mientras el bizcocho está en el horno podemos preparar la salsa. Ponemos todos los ingredientes en un cazo, lo llevamos a ebullición y lo dejamos hervir unos minutos para que reduzca. Cuanto más lo dejemos hervir, más espesa será la salsa. Tened en cuenta que, aunque en el cazo se vea muy líquida, cuando se enfríe espesará bastante. Partiendo de esas proporciones  puede que a algunos os parezca que la salsa está muy fuerte de limón, así que yo aconsejo que la probéis para saber si poner más miel o menos limón.

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Y sin más, ¡que aproveche el bizcocho o el roscón y a disfrutar de los regalos!

Bizcocho básico: aceite vs mantequilla

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Hay dos clases de bizcochos en el mundo (en realidad no, hay muchos, pero al caso me viene muy bien esa frase): los que se hacen con aceite y los que se hacen con mantequilla; y todos damos vueltas en la cama preguntándonos cuál es mejor, qué diferencias tienen unos y otros, si pasa algo por echar más o menos aceite/mantequilla en la receta, o por mezclar aceite de oliva y de girasol porque uno de los dos se nos ha acabado.

En pro de los sueños tranquilos y las dudas aclaradas me he puesto manos a la obra para ver los resultados y comparar los que creo son los 6 tipos de bizcocho básico que podemos hacer:

  • Bizcocho con aceite de oliva (suave, NO virgen, ni virgen extra)
  • Bizcocho con aceite de girasol
  • Bizcocho SIN aceite
  • Bizcocho de margarina
  • Bizcocho de mantequilla
  • Bizcoho SIN margarina ni mantequilla

Para que esta entrada sea comprensible y no liarme a comparar un bizcocho con otro sin ton ni son, voy a tratar primero los de aceite entre ellos, luego los de mantequilla y, por último, comparaciones cruzadas entre los dos grupos si procede. La única variación que he hecho en las recetas ha sido dividir las cantidades entre tres para que cada bizcocho me saliera de un solo huevo;  suficiente para que varias personas pudieran probarlos.

BIZCOCHO DE YOGUR (se usa el vasito de yogur como medida)

  • 3 huevos
  • 1 yogur natural
  • 2 medidas de azúcar
  • 3 medidas de harina
  • 3/4 de aceite
  • 1 sobre de levadura tipo Royal

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En crudo las tres masas son bastante similares, en detalle se podría decir que la de aceite de oliva es un pelín mas oscura y la que no lleva aceite, un pelín más espesa, pero nada muy significativo.

Una vez horneado, por el aspecto, se desmarca el de sin aceite. En la foto se ve que tiene unas pintitas que los otros dos no tienen y que, por lo demás, son prácticamente idénticos.

Ahora llega lo interesante, la degustación: Tanto el de oliva como el de girasol son riquísimos, esponjosos, con ese sabor a casero y a infancia tan característicos, tal vez el de oliva un poquito más sabroso, pero esta última apreciación puede estar sujeta a gustos presonales. Lo que no me esperaba era el sabor del bizcocho sin aceite. La textura es un poco más seca, pero ni de lejos pastosa, dura o desagradable, y de sabor está bastante bueno; sorprendentemente bueno incluso. Una opción a considerar seriamente si se busca un bizcocho “light”, dentro de lo que es la media de la repostería.

BIZCOCHO DE MANTEQUILLA

  • 250 gr mantequilla
  • 250 gr harina
  • 200 gr azúcar
  • 3 huevos
  • 3 cucharadas de leche
  • 1 sobre de levadura tipo Royal

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Si los bizcochos de aceite eran bastante similares entre sí, éstos son todo lo contrario; entre uno y otro hay grandes diferencias. Para empezar, no hay más que mirar las masas en crudo: la de margarina es espesa, como es normal en este tipo de preparados; pero es que la de mantequilla… ¡no había quien la despegara de la espátula! En comparación, la masa “sin” era bastante más fluida, no tanto como los de aceite, pero casi casi como el de sin aceite.

Del aspecto horneado no hay mucho que decir, todos tienen buena pinta. El de margarina tal vez un poco mejor. Eso sí, en el aroma si que se nota la calidad del de mantequilla.

Y vamos con lo importante: la degustación. Aquí si que hay tema para hablar. El bizcocho de margarina lo definiría como suave antes que como esponjoso y con un sabor ligeramente más pronunciado que los de aceite. De éstos tres, mi favorito sin duda. El de mantequilla es un poco denso de más. Ésto se debe a que la mantequilla es bastante más difícil de trabajar a mano que la margarina, a pesar de que había sido precavida y la tenía a temperatura ambiente, y el sabor es muy marcado… pues a eso, a mantequilla. Yo asocio más ese sabor a las galletas de mantequilla y otras pastas de te, por eso prefiero como bizcocho el de margarina. Y por último el de sin margarina ni mantequilla… ¿Qué puedo decir? yo lo calificaría como un “ya se lo que NO hay que hacer”. Es un poco insípido y bastante (bastante) seco y un poco duro. Vamos… que ha terminado en la basura. Si estais buscando un bizcocho “light” ¡el de sin aceite sin duda!

CONCLUSIONES

3 parejas

Resumiendo:

Si buscas un bizcocho light, sin grasa, usa la receta del bizcocho de yogur sin aceite.

El aceite de oliva (suave) y el de girasol son intercambiables en cuanto a textura se refiere, y en el sabor hay muy poca diferencia.

El bizcocho de margarina da muy buenos resulatados, mientras que el de mantequilla es dífícil de trabajar a mano (en mi opinión no compensa) y tiene un sabor un poco fuerte.

El podio de los bizcochos:

  1. Bizcocho de yogur con aceite de oliva (¡¡viva lo tradicional!!)
  2. Bizcocho de yogur con aceite de girasol (casi casi como si fuera un primer puesto)
  3. Bizcocho de margarina
  4. Bizcocho de yogur sin aceite
  5. Bizcocho de mantequilla
  6. Bizcocho sin margarina ni mantequilla

¿Y vosotros? ¿Cuál o cuáles preferís?